Santas mayúsculas

Cuando una persona “entra en religión” se le asigna un nombre de religión, ajustado a los usos y costumbres de la orden religiosa en la que se inicia. El “nombre de religión” está compuesto de dos partes: un tratamiento y un nombre propio. Cuando esa misma persona va haciendo carrera en el organigrama de la institución religiosa de referencia, su “nombre de religión” va adaptándose a los diferentes niveles por los que va pasando.

Y así, hay quien alcanza la santidad y esto le legitima a ser nombrado con el tratamiento santo o santa.

Como sabemos, la Ortografía de la lengua española establece que los tratamientos se escriben con minúscula inicial, con la única excepción de aquellos que se transcriben en abreviatura. Y en cuanto a los nombres propios, la Ortografía les asigna la mayúscula inicial.

Dicho lo cual, deberíamos transcribir con minúscula inicial el tratamiento san, santo y santa que precede al nombre propio de los santos de la Iglesia Católica.

Esta iglesia está dedicada a santa Catalina de Siena.

Los santos titulares de esta novena son S. Cosme y S. Damián.

Siempre fui muy devota de Sto. Domingo de Guzmán.

Sin embargo, si no nos encontramos cómodos con estas disposiciones, hay dos cosas que podemos hacer sin desobedecer (demasiado) a la Academia:

1.ª Podemos utilizar mayúsculas cuando lo que estemos escribiendo sea un texto religioso o relacionado con el tema religioso.

2.º Podemos acogernos a la llamada “mayúscula de relevancia”, que exime de la minúscula inicial cuando se quiere poner de manifiesto una especial dignidad dentro del conjunto de personas que comparten el mismo tratamiento.

Este último punto nos legitimaría, por ejemplo, a nombrar con mayúscula inicial a determinados santos que, dentro de la jerarquía de la Iglesia, ocupan lugares de gran relevancia por ser considerados “padres o doctores de la Iglesia” o por desempeñar un papel esencial en la historia bíblica y evangélica católica.

Resumiendo…. No pasa nada por escribir Santa Teresa, así, con mayúscula inicial: por derecho propio… Y también podemos poner un San José en nuestro belén; rezar una oración a San Juan de la Cruz; o recordar que San Pedro negó tres veces a…

Amén.



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