Jorge Múrtula nos cuenta cómo conoció a Delibes

[…] Mi contacto con él fue fugaz, si bien en más de una ocasión le vi pasear por la calle de Gamazo y por la Acera de Recoletos […]. Hace ya unos cuantos años, era asiduo asistente a las Mañanas de la Biblioteca de la Casa de Cervantes […]  y me dirigía hacia […] ella cuando vi que el escritor, muy plácidamente, paseaba por la acera de la calle de Gamazo en dirección a la plaza de España, y yo, al adelantarle, cerrándole un poco el paso, pero sin llegar a hacerlo, aminorando mi marcha para ponerme al par de la suya, me atreví casi a detenerle para preguntarle por su estado, a lo que él me respondió con un lacónico “Bueno, hoy estoy un poco mejor”.

 

Estas fueron sus palabras y yo, a continuación le dije: “Perdone D. Miguel, sólo quería preguntarle por su salud y saludarle. ¡Buenos días!” y continué hacia la calle del Peso.

 

[…] Con mi pequeña colaboración me adhiero a esta iniciativa y a este evocador y literario homenaje al notable académico, escritor, periodista, caricaturista y, sobre todo, hombre del pueblo, amante del paisaje y del paisanaje. Siempre estará en nuestro recuerdo y en nuestras vidas D. Miguel.



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