Dijo Virigna Woolf que «durante la mayor parte de la historia, ‘Anónimo’ era una mujer’. Una sentencia tan cierta como lo es que hubo honrosas excepciones: la vallisoletana Beatriz Bernal fue una de las pocas mujeres escritoras que el siglo XVI dejaron constancia de ello.
Beatriz Bernal ha pasado a la historia por ser la primera mujer de nuestro país en escribir una novela para su publicación, Don Cristalián de España. Pese al éxito que tuvo en su momento y al reconocimiento (o, al menos, conocimiento) de su obra por estudiosos de principios de siglo XX (el también vallisoletano Narciso Alonso Cortés es uno de los que le hacen referencia) su nombre ha sido olvidado en los últimos años.
Vida de Beatriz Bernal
Los estudios de la filóloga italiana Donatella Gagliardi sitúan el nacimiento de Beatriz Bernal en Valladolid entre 1501 y 1504. Murió, posiblemente, en su ciudad natal entre 1562 y 1586, y fue enterrada en la Iglesia de San Pablo.
Su fecha de nacimiento se estima por las declaraciones que ella misma realizó en un pleito. En cuanto al deceso, este amplio rango de fechas se debe a los dos documentos que pueden enmarcar temporalmente este hecho: otorgó testamento en 1562 y la licencia de impresión de la segunda edición de su novela está ya a nombre de su única hija. Por último, sabemos que fue enterrada en la Iglesia de San Pablo porque así lo señala su hija cuando solicita recibir sepultura junto a su madre.
Poco más sabemos de la vida de esta ilustre vallisoletana. Criada en el seno de una familia acomodada, se casó en 1528 con el escribano Cristóbal de Luzón, de quien enviudó sin descendencia. Contrajo segundas nupcias hacia 1534 con el bachiller y relator de la Real Audiencia Juan Torres de Gatos. De esta unión nació Juana. Beatriz volvió a enviudar hacia 1536.
El éxito de Cristalián de España
Las novelas de caballeros era la moda en la España del siglo XVI. Las trepidantes peripecias de Cristalián de España, el inteligente humor del que Beatriz Bernal hace gala a lo largo de más de 600 páginas, el retrato de una sociedad que puede ser brutal y la incorporación de elementos procedentes de la magia como novedad, hicieron de este un libro de enorme éxito en su época.
Fue, como atestiguó el padre de la bibliografía moderna española Nicolás Antonio, una historia recitada con frecuencia entre los círculos más jóvenes. La novela fue traducida al italiano y publicada en Venecia.
Incluso Góngora fue, si no admirador, al menos conocedor de la obra de Beatriz Bernal: así lo demuestra en su poema Volviéndose a Francia el duque de Humena:
Estrellose la gala de diamantes
tan al tope, que alguno fue topacio,
y aun don Cristalián mintió finezas.
En los siglos posteriores también hubo críticos que lanzaron sus dardos contra una obra a la que solo vieron el mérito de “ser labor femenina”, así como otros que la defendieron. En cualquier caso, su nombre fue citado por estudiosos hasta los primeros años del siglo XX, entre ellos, por el también vallisoletano Narciso Alonso Cortés, que le dedica un artículo en su Miscellanea.

Una “señora de Valladolid”
El nombre de Beatriz Bernal no figura, ni siquiera, en la licencia de impresión que solicitó a través de un mediador del que nada se conoce.
La primera edición, impresa en Valladolid en 1545 por la casa de Juan de Villaquirán, reza en su portada:
Comienza la historia de los invictos y magnánimos caballeros don Cristalián de España, príncipe de Trapisonda, y del infante Luzescanio su hermano, hijos del famosísimo emperador Lindedel de Trapisonda. Trata de los grandes y muy hazañosos hechos en armas que andando por el mundo buscando las aventuras hicieron. Corregida y enmendada de los antiguos originales por una señora natural de la noble y más leal villa de Valladolid. Dirigida al muy alto y muy poderoso señor don Phelippe, príncipe de Castilla, nuestro señor”.
Si bien no se reconoce su autoría, es curioso para la época comprobar que, al menos, se atribuye a una mujer: “por una señora natural de la noble y más leal villa de Valladolid”.
De esta primera edición, ilustrada con numerosos grabados, se conservan pocos ejemplares. Uno de ellos está custodiado por la Bayerische Staatsbibliothek de Munich; otros, en la British Library de Londres y en la Bibliothèque Nationale de París.
El privilegio de reimpresión de la obra por diez años fue otorgado en 1584 a su hija Juana. La edición, publicada en Alcalá de Henares con fecha de 1586, ya reconoce a Beatriz Bernal como autora de la novela.

(Paris Bordione, hacia 1545).
En clave femenina
La introducción de heroínas en la novela de caballerías es un atrevimiento y una de las mayores trasgresiones que realiza Bernal.
Aparece la virgo bellatrix, la guerrera Minerva. Aunque este tópico no es ajeno en la literatura, la Mierva de Bernal no toma las armas por amor, sino por el mero gusto de correr aventuras. Como señala el libro:
su bravo y esforzado corazón la hace andar en hábito de caballero
Destacan, también, personajes femeninos que deciden permanecer solteras. Es el caso de la maga Membrina, doncella que tuvo tal saber:
que jamás quiso tomar marido, porque nadie tuviese mando ni señoría sobre ella
O de la infanta Danalia, a quien de nuevo dice “por ser tan sabia nunca se quiso casar”.
Los personajes femeninos que llegan al altar no son por ello seres pasivos en la historia. Un claro ejemplo es el de la infanta Amplamira, que solo se casa después de demostrar su valía: sobrevive a un naufragio, escapa a un matrimonio impuesto y logra la paz para su país, invadido por los franceses.
Nota: no se conservan imágenes de Beatriz de Bernal. El retrato que ilustra el texto corresponde a la infanta Catalina Micaela, realizado por Sánchez Coello hacia 1585, en el que se ejemplifica la moda castellana del momento.
No hay comentarios