Uno de los usos de la raya (–) en los textos narrativos es el de introducir una aclaración del narrador a la intervención de un personaje. En esos casos, no hay por qué no hacerlo bien…

No se escribe raya (–) de cierre si tras la aclaración del narrador el personaje no sigue interviniendo inmediatamente.

  • ¿A qué piso?  –preguntó el mozo con cierto automatismo.

Pero se escribe raya (–) de apertura y raya (–) de cierre si la aclaración del narrador interrumpe la intervención del personaje y éste continúa interviniendo inmediatamente.

  • Te he dicho que no –me espetó sin reparos–  y no hay más que hablar.

La aclaración del narrador se escribe con minúscula inicial si va introducida por un verbo de lengua (decir, añadir, comentar, preguntar…).

  • Mi consejo –dijo con convicción–  es que no dejes de intentarlo.
  • Eso haré, lo prometo  –contesté sin dudar.

Si la aclaración del narrador va introducida por cualquier otro verbo y la intervención del personaje es un enunciado completo, éste se cierra con punto (.) y la aclaración del narrador se transcribe con mayúscula inicial.

  • Pues aquí te quedas, conmigo no cuentes. –Dio media vuelta y se dirigió a la puerta.

Y si en este mismo caso, la aclaración del narrador queda en medio de dos intervenciones del personaje, utilizaremos raya (–) de apertura y raya (–) de cierre, sin olvidar que tanto la aclaración del narrador como las intervenciones del personaje deberán acabar en punto (.).

  • Yo que tú no estaría tan seguro. –Su mirada se clavó en mis ojos–.  No es tan fácil entender cómo funciona mi sistema de razonamiento.

¡No es ni la mitad de lioso de lo que parece…! Con los ejemplos queda claro (creo yo).