Básicamente, a ‘conjugar’ los verbos se aprende de niño. Pero siempre hay verbos que no se nos cruzan en el camino y que, por lo tanto, no tenemos necesidad de conjugar; hasta que, de repente, un día, te encuentras con uno de ellos, conjugado en un determinado tiempo y persona…

Por ejemplo yacer.

          Cuando yazgamos bajo la tierra, nuestro espíritu la abonará.

y no

          Cuando yazcamos bajo la tierra, nuestro espíritu la abonará.

O, por ejemplo, asolar.

          En el bufé de las bodas, en cuanto localizo la zona de los canapés, asuelo la mesa en un pispás.

y no

          En el bufé de las bodas, en cuanto localizo la zona de los canapés, asolo la mesa en un pispás.