31.- A poco de llegar a España, a mediados de julio de 1866, Zorrilla puso rumbo a su ciudad natal, Valladolid, adonde llegó el 21 de septiembre. Se alojó en la casa en que naciera 49 años antes, propiedad entonces de Ventura Acero. En el trayecto desde la estación hasta allí, el poeta elucubraba…

«Esta es Valladolid… ¡al fin la veo!
¡Con qué placer… como la luz primera
cuando en ella nací. ¡Dios mío! Creo
que hoy vuelvo a nacer. Espera, espera,
cariñosa amistad!»
(El drama del alma. José Zorrilla)

Durante los días siguientes, Zorrilla recibió en su casa a mucha gente, acudió a los toros, ofreció dos lecturas en el Teatro Calderón y en el Teatro Lope de Vega se representó su drama Sancho García. Los periódicos locales hirvieron con noticias sobre él y publicaron múltiples composiciones escritas en su homenaje:

«Zorrilla, ¿qué ha sucedido?
¿Qué nos tienes que decir?
¿Qué ha pasado? ¿Qué has oído?
¿Dónde estuviste metido?
¿Cómo tardaste en venir?»
(Carolina Coronado)

«Dice la pública voz
que a España vuelves, Zorrilla,
y que a Méjico la bella
has dado tu despedida;
que los iberos poetas
te saludan a porfía,
y que España te recibe
como una joya perdida
que engarzada en su corona
de nuevo radiante brilla».
(Emilia Pardo Bazán)

El día 14 de octubre de aquel 1866, José Zorrilla tomó el tren hacia Madrid…

32.- Zorrilla permaneció en Madrid unos meses, arreglando los asuntos de su viudez y dando a la imprenta su Álbum de un loco; pero en marzo de 1867 volvió a viajar en busca de sus «lugares queridos», dice Alonso Cortés. Viajó primero a Torquemada, Palencia, donde estaban enterrados sus padres; y luego a Quintanilla Somuñó, la tierra burgalesa de su madre y de la ‘prima Gumis’, su primer amor. Allí recibió la noticia de la aparición en Madrid de su última obra y hasta allí le llevaron una premonitoria carta que su amigo el emperador Maximiliano I le enviaba desde México, disuadiéndole de volver a su lado: «La abdicación va a hacerse necesaria; evite Ud. un viaje inútil y espere órdenes».

Tan sólo un mes después, el 19 de junio de aquel 1867, Maximiliano sería fusilado en Querétaro. Fue entonces cuando, desgarrado por el dolor, Zorrilla «quiso desahogar su santa ira» sentándose a escribir su famoso Dama del alma.

33.- En 1867, durante su estancia en los lugares de su infancia burgalesa, la salud de Zorrilla se resintió notablemente, impidiéndole viajar a Barcelona, como era su deseo, con idea de atender ciertos proyectos editoriales. Por fin, en marzo de 1868, el poeta llegó a Cataluña, donde fue recibido con apasionamiento por los barceloneses.
Reconfortado por ello, Zorrilla continuó escribiendo y publicando, mientras presidía todos los homenajes, serenatas y funciones que se ofrecían en su honor.

Uno de aquellos días, subió Zorrilla al escenario del Teatro Principal de Barcelona para felicitar a Luis Pacheco, autor de la obra que acababa de representarse, y vio desde allí, en un palco, a una hermosa mujer rubia…

«– ¿Quién es aquella rubia que hay en aquel palco? –preguntó al dramaturgo.
– Es mi hermana.
– ¿Me hace usted el honor de presentarme a ella?
– Con mucho gusto».

Y así fue como Zorrilla conoció a la bella Juana Pacheco a quien, minutos después, dedicaba un ejemplar de El drama del alma, en la que decía: «A Juana Pacheco, que será mi mujer». ¡Y acertó!

34.- José Zorrilla contrajo matrimonio con su segunda esposa, Juana Pacheco Martín, el 20 de agosto de 1869, en la iglesia de Santa Ana de Barcelona. El novio tenía 52 años, la novia tan sólo 20… El matrimonio se instaló inicialmente en la ciudad condal y los apuros económicos de la pareja no tardaron en hacerse notorios…

Dice Alonso Cortés que «Zorrilla no daba valor al dinero. Sin derrocharle a manos llenas, gustaba de ver en su mesa buenos manjares y tal cual botella de champagne. La administración doméstica, dicen los que le conocieron en sus últimos años, no fue un modelo en su hogar. A su lado, por otra parte, no había pobres».

Así las cosas, Pepe y Juana se trasladaron a Madrid y allí, en la capital, el poeta, además de continuar escribiendo y publicando, consiguió una subvención para viajar a Roma, a fin de investigar allí en los archivos y bibliotecas la documentación sobre un buen número de bienes inmuebles urbanos y rústicos cuya propiedad podría reivindicar el Gobierno español. El matrimonio puso rumbo a Italia el 25 de abril de 1871 y, a buen seguro, Zorrilla llevaba en su equipaje la credencial de la Gran Cruz de Carlos III que el rey Amadeo I acababa de concederle.

35.- Como bien dice Narciso Alonso Cortés, «No era labor para él [Zorrilla] la de meterse en los archivos y registrar cuentas, escrituras y papeles diplomáticos». De hecho, apenas inició los trabajos para los que había sido enviado a Italia… Durante algún tiempo, Pepe y Juana vivieron en Roma con holgura, pero los acontecimientos políticos en España ocasionaron que su situación no tardara en resentirse y que, poco a poco, Zorrilla se cansara de su vida en aquel país; hasta que, a comienzos de 1874, decidió finalmente trasladarse a Francia, donde, en la región de Las Landas, puso casa y se entregó, junto a su esposa, a la ‘floricultura’ doméstica…

Dos años pasó allí el matrimonio. Eso sí, cada vez con menos ‘posibles’, pues el Gobierno español fue reduciéndole, por motivos obvios, la asignación que le tenía asignada por lo de ‘los trabajos archivísticos’ en Italia… En diciembre de 1876, Zorrilla y Sra. se vieron abocados a volver a España. Nuestro paisano estaba a punto de cumplir 60 años.