La “fiebre” del desdoblamiento morfológico de las palabras para desproveer a la lengua de esa presunta discriminación lingüística de la que algunos han hecho credo de fe, nos conduce a episodios que hacen que se tambalee el mismísimo rigor de la inexpugnable Real Academia.

En el Diccionario de la Real Academia, el adjetivo vagabundo (en femenino vagabunda) designa a una persona que anda errante y carece de domicilio fijo y de medio regular de vida.

El mismo Diccionario de Real Academia dice que el adjetivo vagamundo, que es, al parecer, un término más “vulgar” (…aunque es el utilizado en las cartelas del Museo de Indianos de Colombres, doy fe…), es un adjetivo alternativo a vagabundo, con idéntico significado.

Pero claro, vagamundo no debería poder utilizarse en femenino. Es evidente que vagamundo es una palabra que hace referencia al significado de vagabundo, pero que ha añade una connotación más que lógica: la que aporta la palabra mundo, que consigue el término haga referencia, más concretamente, a quien anda errante pero por… “el mundo”.

Y ya se sabe: mundo es un sustantivo masculino… Munda no existe.