Si estáis atentos, cualquier día de estos podréis ver a Rodrigo Garrido Paniagua leyendo en algún local o en alguna librería de nuestra ciudad algunos de sus poemas. El escritor vallisoletano encontró hace relativamente poco en la poesía una herramienta de expresión que le ha conducido ya a publicar los poemarios Los dormidos y La primera vez que vi un animal muerto. Obras con las que apuesta por la poesía como un espacio de silencio que conduzca a la reflexión.

1. ¿Cómo se llega a la literatura y, más en concreto, a la poesía? ¿Desde cuándo escribes?

Escribo desde hace poco, concretamente desde 2010. Nunca había tenido afición por escribir y menos por la poesía. Pero una casualidad, un concurso de microrrelatos, me llevó a mí y a otros compañeros a trastear con las palabras. A partir de ese momento comencé a interesarme por esta forma de decir a través del lenguaje poético. Me empezó a interesar la construcción de los versos, el sentido del poema, la elección de una determinada estética del poema. Así comencé a leer poesía y a realizar cursos de escritura online. Posteriormente conecté con la gente de Susurros a pleno pulmón, que es una iniciativa de micro abierto de poesía y microrrelato que celebramos los viernes en el bar El desierto rojo con la colaboración de la librería A pie de página, que realiza un gran esfuerzo en traer poetas invitados de otras partes de España. Y así me he visto con dos obras autoeditadas y con dos libros a mis espaldas.

2. Has publicado los poemarios y nadie mejor que el autor para que guíe a los lectores pro ellos. ¿Qué significa cada una de estas obras, cuáles son los puntos emocionales en los que se apoya cada una de ellas?

En Los dormidos se habla de un momento de estado de la sociedad en la que daba la sensación de estar adormecida ante los acontecimientos políticos y sociales que acontecían con la crisis. Es un libro de carácter social en donde no solo se habla de la inacción de la gente, también se habla de lo peligroso que es caer en la rutina de la vida y del pensamiento sin cuestionarse la propia realidad. La primera vez que vi un animal muerto es un libro con un mayor calado filosófico. Me interesan mucho cuestiones como la existencia, la memoria, la felicidad o la muerte. Creo que son asuntos que todos en algún momento nos planteamos. Es un poemario en donde pongo voz a emociones que en muchos casos son incómodas, sobre todo las que hacen referencia a los propios miedos, a la muerte…

La poesía es un espejo que muestra quien eres. A la hora de escribir, el autor tiene que ser honesto con sus sentimientos y con su forma de pensar y en ocasiones descubre cosas de las que se asombra. En La primera vez que vi un animal muerto el lector no va a encontrarse con una poesía críptica en la que se tenga que preguntar qué ha querido decir el autor. Es un libro muy abierto en donde la gente se puede sentir identificada con los sentimientos y emociones que expongo porque son algo universal, no patrimonio único del poeta.

3. Al pensar en la función de la poesía nos aparecen inconscientemente tópicos como ese del ‘arma cargada de futuro’. ¿Qué significa la poesía en la actualidad o, al menos, qué significa para ti?

Creo que la poesía ha de servir para aislarse momentáneamente del ruidoso mundo que nos rodea. Existe un bombardeo constante, una manipulación del lenguaje, una tergiversación interesada de la realidad. La poesía tiene que ser un espacio de silencio activo, para luego volcar toda su reflexión. La poesía es un terreno de duda, de crítica que hace crecer mentes abiertas que no se sujetan a los dictados de nadie. En contra, tenemos los discursos perversos de la publicidad o de la política que apelan constantemente al sentido común y a la lógica como si alguno de ellos poseyera una verdad absoluta. Estos discursos juegan con la mente de una sociedad no educada en la crítica como elemento necesario para construir una época sin prejuicios. La poesía habla del ser humano y eso supone hacerse preguntas, pensar sobre uno mismo, algo a lo que no se está acostumbrado porque esta sociedad de consumo no deja tiempo ni espacio para hacerlo. Este es un mundo tan rápido que se descuida todo aquello que tiene que ver con la emoción propia, con conocerse a uno mismo. Somos objeto y sujeto de esta vida, cómo no interrogarse sobre aquello que me preocupa, que me alegra. Dejamos nuestras emociones al gobierno interesado del consumo y eso nos hace menos libres.

4. Hemos visto que participas en lecturas de poemas donde tus textos llegan a la gente de una manera diferente. ¿Cuál es la respuesta que percibes en ellos? ¿Somos un público ‘educado’ en poesía?

Reconforta terminar un recital y que se acerque la gente a decirte que les ha gustado mucho, que les firmes un libro. El proceso de escritura de un libro es muy solitario, silencioso y los recitales lo equilibran. Es necesario sacar al público la poesía, es una forma de completar el círculo de comunicación. También me sorprendo cuando en las redes sociales la gente que tiene el libro cuelga fotos de poemas y compruebas que a cada persona le ha gustado uno en concreto. Ahí está la variedad del ser humano. Cada cual tiene un poema preferido según sus experiencias previas.

No creo que para disfrutar de la poesía haya que estar “educado” en poesía. Lo que hay que estar es abierto a escuchar composiciones que nos pueden afectar para bien o para mal. A veces lo que escuchamos es tan real que nos molesta porque nos sentimos identificados. Lo que creo es que hay que estar “educado” en emociones y eso es algo que cada vez se hace menos en los colegios e institutos.

5. Y, al margen del público, ¿cómo ves la escena literaria de nuestra ciudad, cómo la calificarías?

Creo que la oferta donde escuchar y leer poesía es muy amplia. Susurros a pleno pulmón lleva cinco años poniendo un micrófono delante de todo aquel que tenga algo que decir. También hay librerías como A pie de página, de Enrique Señorans, que apuestan por los autores locales y contribuye activamente en la invitación de poetas de otras ciudades. Hay mucha gente que escribe muy bien y que es una delicia escuchar. Creo que estos eventos que existen en la ciudad tienen que ser un mecanismo de aprendizaje. Escuchar a gente tanto de Valladolid como de fuera enriquece la visión que podamos tener de la poesía y del mundo en general.

6. En este espacio nos interesa conocer no solo la parte de escritor de nuestros ‘talentos locales’, sino también la de lector. En tu caso, ¿qué es lo que en general sueles leer? ¿Qué autores y obras pasan habitualmente por tus manos?

Leo bastante y en ocasiones puedo estar leyendo a la vez dos o tres libros. Por supuesto leo poesía pero también narrativa, filosofía y ensayo. Últimamente he leído ensayos de Umberto Eco, libros de ética y en cuanto a poesía leo todo aquello que caiga en mis manos. Para elegir poesía me gusta ir a la librería y leer el primer y el último poema de cualquier libro y si me dice algo, se queda conmigo.