Tradicionalmente, los hispano-hablantes de ese lado del Océano, llamamos “feria del libro” a una iniciativa cultural destinada a poner en contacto la oferta de títulos editados con los lectores incondicionales y potenciales, con intención de afianzarles o atraerles hacia la práctica de la lectura lúdica y voluntaria.

 

Ese objetivo se consigue fundamentalmente mediante un “recinto de exposición y venta de materiales”, atendido por los profesionales del sector: libreros, editores y distribuidores; unido a un programa paralelo de actividades, firmas y encuentros literarios y de animación lectora. El usuario (cliente) de una “feria del libro” es siempre el lector final, a quien debe ir dirigida toda la oferta y todas las propuestas.

 

A veces, se engloba bajo la denominación de “feria del libro” un tipo de evento que nada tiene que ver con este planteamiento. Es el caso de “ferias del libro” como la de Frankfurt, el Liber de Barcelona o la Feria de Guadalajara (aunque esta tiene un carácter mixto en los últimos años). Estas ferias son encuentros profesionales a las que acuden los editores para negociar la compra y la venta de derechos de edición, traducción, etc. El público lector no tiene cabida en ellas.